PROLOGO
Trabajar con el archivo no es fácil
Trabajar con el archivo no es fácil, Fernando lo sabe muy
bien, cada vez que hablamos me dice que se ha sumergido en el archivo, y que le
ha hecho mal. ¿Qué quiere decir con eso?, que ha llorado, que ha sufrido, que
la ha pasado como el orto, los recuerdos, los olvidos, las caras, lo que paso
después, los que se dejaron de hablar, los que ya no están, el tiempo que se
fue, y aquel que volvió pero que ya no es el mismo, porque no se puede entrar
dos veces en el mismo rio.
¿Un álbum de fotos en el ropero es un archivo? ¿Y una
carpeta en la computadora? ¿Qué es el recuerdo? Una piedra sólida, negra como
basalto, dura como meteorito, que un día explota en millones de partículas de
polvo, polvo que se asienta sobre todas las cosas, que entra por los pulmones,
que se escapa por las ventanas, y con “un día” me refiero de 24 horas, un
siglo.
“¿Qué es archivo?” dices mientras clavas
en mi carpeta amarilla, tu carpeta amarilla.
“¿Qué es archivo?” “¿Y tú me lo preguntas?”
“Archivo... eres tú”.
¿Te acordás de Fernando? Fernando escribe crónicas para no
olvidar, Roque dibuja en cuadernos para recordar, supongo que todos hacemos
algo para evitar perder nuestras vivencias, nuestros rostros amados, para saber
por dónde ir, nuestras caras odiadas, para saber que evitar, pero la memoria no
juega limpio, cambia de colores los vestidos, cambia el final de las historias,
los buenos de pronto se hacen malos, los malos de pronto se hacen héroes, donde
había dos ahora hay tres, y lo que recordabas a la izquierda estaba a la
derecha.
O será que el presente y la realidad son construcciones poéticas,
poesía pura, danza de símbolos, fiesta del lenguaje que lejos de ser objetos
fijos, se metamorfosean. El tiempo los desenmascara y van mostrando sus
distintas facetas, como un diamante. Cuando se apague la tele, cuando se pierda
la señal y solo quede un pitido agudo flotando en el éter, tus memorias se irán
contigo. No llores, los rostros se habrán ido, las fechas y los nombres
también, pero algo prevalecerá, el hilo rojo.
¿Te acordás de Castaneda? Hablaba acerca de los hilos del
mundo, los hilos que unen todas las cosas y forman una trama tan cerrada que no
puede ser atravesada ni por un fino cabello. El hilo rojo es la pasión, y la
pasión, etimológicamente hablando, es sufrimiento. El hilo rojo mantiene a los
fantasmas aferrados a sus posesiones, el hilo rojo ata a los enamorados, a los
familiares, recordemos que familia, etimológicamente hablando, es esclavo.
¿Te acordás de Roberto? ¿Y de Laura? ¿Te acordás cuando los
conociste? ¿Conservas esa foto o se la llevó el viento? ¿Quisiste agarrarla
como una hoja en la tormenta? O la dejaste ir como un pájaro que retorna a su
bandada. ¿Te acordás cuando creías haber entrado, pero en realidad nunca
fuiste? ¿Y cuándo recordabas haber sido echado, pero fuiste el alma de la
fiesta? ¿Te acordás cuando naciste? ¿Te acordás cuando moriste?
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